lunes, 5 de marzo de 2012

Una Palma Real


La palma de cera o palma de ramos

Las palmeras, pertenecen quizás a una de las familias de  vegetales más antiguos sobre la tierra, remontándose de unos 60 a 80 mil millones de años. Estos vegetales pertenecen a la familia de las Arecáceas, encontrándose en todos los continentes, excepto en los árticos. Es una planta estrictamente tropical, pero existen ejemplares en zonas templadas, otras sobreviven en los desiertos, bosques tropicales, y desde el nivel del mar hasta altitudes muy elevadas.

Por especial interés, y  a puertas de la festividad religiosa de “Semana Santa”, voy a tratar en esta ocasión, de una de las palmeras más conocidas y cotizadas del planeta. Me refiero a La Palma Real, la que  pertenece a las cícadas, estos tipos de palma tienen una corona de hojas al final de un troco recto o reclinado de hasta 5 m de alto y 25 a 40 cm de diámetro. Sus hojas agrupadas en anillos, van creciendo en espiral, formando al final una corona de hojas, que nacen de un tallo raquídeo, donde las hojas tiernas son de claro verde, cubierta de vellosidades, mientras que las maduras son verdes oscuras, bastante lisas y de 1.50 a 2 mt de longitud.

Dentro de la cícadas, hay una especie de palma, que es considerada la especie mayor valorada y codiciada, por su exuberante presencia y belleza, la que es conocida como la “Reyna de las palmeras”o “palma de cera”, que pertenece al género  Ceroxylon .  Se le llama “palma de cera” por una delgada cubierta cerosa que cubre a su tallo de color ligeramente liliáceo que da  una tonalidad lustrosa. Estas palmas de cera no sólo son las más altas del mundo, sino que también son las que  crecen a mayores elevaciones, en las montañas a partir de 1200 msnm. Algunas especies alcanzan de 40 a 60 metros de altura. Por su majestuosidad esta palma ha sido escogida como el Árbol Nacional de Colombia. Esta no es la única especie, sin embargo se reconocen actualmente 11 especies de palmas de cera (Ceroxylon), todas habitantes de bosques húmedos de los Andes o bosques de neblina, es decir bosques fríos y nublados que llegan a los 3200 msnm, sin embargo hay otras especies pequeñas de palmas que se encuentran en estas altitudes de bosques nublados.

El uso de la palma de cera o de ramos

En algunos países, donde hay mayor población de esta especie, la cera que cubre sus troncos, se ha empleado en diversos usos, como la elaboración de cirios, barnices, aislantes y betunes. La denominación de "palmas de ramos", se debe a que  sus hojas jóvenes son empleadas para tejer los ramos de Semana Santa. Actualmente en algunos países como Ecuador y Colombia, se desarrollan campañas para que se renuncie a la costumbre de usar estas hojas, que vienen a ser la corona  o cogollo de la planta, cuando se cortan los cogollos, las palmas no podrán seguir creciendo y terminan muriendo; en otras palabras, para coger el cogollo de la palma, como esta es alta, se tumba (tala) la planta adulta, esta jamás retoñará, muere.

En nuestro país, la situación de la  palma de cera es aún más compleja, no existiendo una cuantificación de la especie o de deforestación; sin embargo es conocido la gran deforestación que vienen sufrieron los bosques andinos, en especial los bosques de neblina, en algunos casos durante la explotación maderera, ampliación de campos agrícolas, quema de bosques y la siembra de cocales en las zonas de alta montaña (Huánuco y parte de Sam Martín).

Hoy, cuanto más antes, es necesario comenzar a realizar campañas para prevenir y preservar, a esta magnífica y bella especie de palma. Estas palmas, forman parte de la cadena alimenticia de una especie de loros, como el orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis), que se alimenta con frutos de esta palma y anida en agujeros de los troncos de palmas viejas y del oso de anteojos, que se alimenta de su cogollo. Nuestros gobiernos, debieran coordinar con las Conferencias Episcopales de los países vecinos, para evitar y  sancionar el uso de la “Palma de cera” en las festividades de  “Semana Santa”, que por el contrario viene a ser “la semana de la agresión a la palma de cera”. El uso de esta palma, en la festividad religiosa, bien podría ser remplazada, por otras plantas, con el carrizo, laurel u algún otro tipo planta de la familia de las “pocaceaeas” (gramíneas). Los únicos países que expresaron la defensa de la palma de cera, por su uso en Semana Santa, fueron Ecuador y Colombia, pero las Conferencias Episcopales hicieron mutis causa, no se pronunciaron; pese a que desde el 2007, el Vaticano considera un pecado grave o un insulto a Dios el atentar contra el medio ambiente. Así que señores obispos asegúrense su camino al cielo, es pecado promover, motivar, o no manifestarse, la negligencia, también es pecado…..AMEN.

DEFENDAMOS LA BIODIVERSIDAD……Y A LA PALMA DE CERRA, MAL LLAMADA PALMA DE RAMOS

martes, 5 de abril de 2011

Mi padre

Eterno compañero

Hoy, mi padre habría cumplido 117 años, si no hubiese sido por esos 24 que partió. Siempre le recuerdo, y si algunos días no lo evoco, ha de estar presente, en cada sueño, en cada camino por decidir, en una justa que ambiciono o en una pregunta sin respuesta, en todas ellas, el esta. Como quien quiera sacar revancha por esos días que no compartí. Qué habría obtenido, si hubiéramos alargado las azarosas caminatas  por las calles de nuestra ciudad y por  esos montes de tayangos y tolas. De seguro, más lo habría conocido, cuántas preguntas quedaron interfectas o lacradas, para que las cerraduras roñosas del tiempo, hayan de denegarse a unas preguntas, al intimar abrirme paso a su pasado, que con estimula arrogancia escudriño unas respuestas. A pesar del tiempo, quedan aún vivas, aquellas estampas de mi padre. De aquel personaje arcaico, osco, de rostro marchito, bronco y firme en sus terquedades, pero de seguro en el fondo de su alma tenía guardada su ternura, que con apretado recelo se negó a soltarla. Pero alguna vez, con mis ocurrencias de niño, doblegue la aspereza de su rostro, para romperla en una estrépita carcajada; fue un disfrute para ambos, el trueque del atrevimiento púber por la complacencia de su afecto mostrado en una sonrisa. Las lecciones que me prestó,  a puertas de mi pubertad, ensayando cubrirme de coraza, como quien experimentado combatiente adiestra a un novato para una dura afrenta por venir. Recuerdo, estando posados en sus suelos ancestrales, me enseño las técnicas para hacer el lazo  y lazar a un dócil o brioso jamelgo; al cabo de algunos días, osarme ensillar su potro preferido y prohibido, para remontarme a galope y a golpe de tacones sin espuelas, por senderos no habidos pero si conocidos por el sabido corcel. Para luego recibirme con su ceño fruncido, pero por dentro quedó complacido, yo con disimulo observé, dando por entendido su escondida comodidad; pero al final, qué me habría costado una reprenda, cuando la presa ya lo disfrute, que bien que estuvo en mi plato. Alguna vez, jugué con éste veterano hombre, cuando sus temblorosas y marchitas manos, pusieron sobre las mías, un bolero de madera, para demostrarme con asombro, que a pesar del tiempo mantenía su destreza, de aquel juguete que en sus años mozos su maestría disfrutó; de cada lance pocos fallaba, volteretas repetidas, volteretas al revés; y hoy de vez en cuando, repaso aquellas volteretas, con aquel juguete, que aún conservo, y que se mantiene a pesar del tiempo transcurrido, como si tuviese vida, presagiando que algún día, ya mis temblorosas manos le han de dar en relevo hacia otras manos, las de mi hijo.

Como no recordar también, a esas calles de mi pueblo blanco, cuyas veredas se veían tan amplias a pesar de su estreches; por ellas trajinaban otros hombres, los que andaban sin capa y sin espada, estos eran hombres intrépidos, dignos de ver, y que hoy es gracia recordar. Entre ellos hoy evoco la figura de mi padre; un caballero que no estaba cubierto de acero, ni montado en un caballo de guerra; caminaba erguido, sin desafiar a nadie en su paso. No transitaba en la espesura del bosque al acecho del hostil clandestino. Sin ser dueño, de lo que le rodeaba, se sentía como un pez en el agua. Era su manía transitar casi al borde de la vereda, el espacio despejado, entre él y la pared, le ha de pertenecer a alguna dama, marcaba con acento. Para esa galantería no tramada, su costumbre de vestir, un traje de afilado casimir, una apretada corbata que le hacía juego y como adminículo principal un borsalino de fieltro sobre la cabeza, con encajada pulcritud, como si fuese una sola pieza. Cuando una dama, o alguien conocido, se avecinaban por la vereda opuesta; sin perezosa apuesta, su diestra elevaba el borsalino a unos centímetros de su cabeza, con bordada reverencia y  punteado de  buenos deseos de su otorgado juicio. 

Hoy 5 de abril, no he de perder la memoria, ni por los 24 años, del que se fue. Me han de acompañar en mi repaso, los maltratados caminos de esos montes de tola, el perdurable bolero y una percha vacía, donde cabía más de un sombrero. Y este simple mortal ha de seguir su camino, si es que no me para un 10 de julio, como el día, en que se fue, mi azaroso y viejo compañero: Hasta pronto don José. Recordado padre.

¡Cuántos años hace ya, que te fuiste sin despedirte
me dejaste con la mano apretada en el bozal
de aquel jaco gris que hoy cabalga desbocado,
sin levantar polvo creyéndote dormido.

Escucho aún el correr de un menguado manantial
algunas ramas dan sombra en el camino,
yo que más te puedo contar.
ya el Nashe se fue a tu encuentro
diciendo que tú lo hiciste llamar.

martes, 11 de enero de 2011

Dedicatoria.

Mi prima Luzdina Rubio Ruiz.

Un 28 de setiembre se fue mi prima Luzdina, a la edad de 96 años, en un viaje que nunca más ha de volver, guardo de ella breves imágenes, de cuando fui niño; un día de esos se alejó del suelo querido y nunca más la volví a ver. Recuerdo su casa, con el patio grande y sobre él, el alero tendido, al fondo su huerto lleno y dispensado. También, recuerdo sentir el calor de sus manos sobre mi rostro chaval, y aquella caricia el tiempo la dejó esquivar.

Los espacios, la desidia y el silencio, aíslan a las personas de una manera cruel; mengua sentimientos, corta el hilo de la madeja, que debiera ovillar las emociones vividas. Pero quise verla un día, para espigarla ese fondo cardinal de tiempos no vividos. Me quedé al pie del umbral, sin vislumbrar su partida. Se fue, llevándose su equipaje, camino en su largo viaje, las valías familiares que el tiempo concedió. Y yo me quedé con mi codicia, de encontrarme al pie de su regazo, golosinarme gajo a gajo, todo aquello que no pude entrever. Pero no esta del todo perdido, esta en cada retazo, en cada pasión escamada y oculta que con apego podré escudriñar, y de seguro, sorbo a sorbo he de beber con delicia, mi esencia ancestral; que de alguna manera ha de compensar, el tiempo ido. Debo agradecer, por lo poco de haberla sentido, debo agradecer por su tiempo vivido y no conocido, debo agradecer que de su copa un sorbo he bebido.