domingo, 22 de septiembre de 2013

Si estás seguro, no preguntes como llegar.

Caminando en Arequipa.........

Estoy extraviado, en las calles de este viejo pueblo blanco. Que en algunas arterias, como máscaras lunarejas el cemento suple al sillar, descontrolado y brutal, pero no compite con las cenizas fosilizadas de su volcán. Lleva en sus entrañas la fuerza de una erupción, por lo que se ofrece orgullosa y señorial. Una vez más, como un incógnito ermitaño volví a repasar sus calles, iluminado, empañado y petrificado, de esta noble ciudad blanca: Arequipa.

Me hospedé en un céntrico hotel, a un par de cuadras de la casa de Melgar. Tuve información, que muy cerca se encontraba el barrio de San Lázaro, el más antiguo de la ciudad, de calles angostas y casonas de sillar. Con la certeza de su cercanía emprendí camino. Luego de recorrer dos cuadras, y de algún modo para asegurar mi destino, atiné a preguntar a un peregrino caballero de saco y corbata, si estaba cerca a mi destino; por su apariencia mostraba confianza, de una respuesta acertada. Tenía pinta de un veterano empleado público, a bordo de jubilarse: de unos cincuenta y tantos años, pelo planchado y raya al costado izquierdo, zapatos corfan y mal lustrados. Su respuesta fue un chasco: desconocía del nombrado Barrio de San Lázaro. A tan desconcertante contestación, imaginé que éste hombre, no conocía más ruta, que el de su casa a su trabajo, y que su último tramo sería hacia su sepultura. Si lo hubiese preguntado por Pinnk Floyd, o cómo se arma un pitillo, hubiese con seguridad facilitado su respuesta. 

Continué mi camino. Avanzado unos metros, me topé con una agraciada jovencita, de atinadas medidas, pantalón jean ajustado, una blusita blanca de marcado escote, y pelo algo desordenado, al viento. Le dije: “niña linda, te agradecería decirme, cuánto me falta para llegar a San Lázaro”, este atributo de hueso y carne, y con poco seso, me respondió: “a usted ni un milagro lo resucita”, qué habrá entendido esta niña diminuta, …¿que yo fuese Lázaro? Sin bajar el ánimo, seguí con mi marcha; al llegar a una esquina, observé a un policía; ¡por fin!, exclamé con alegría. El me dará la respuesta, que me guíe a mi destino. El uniformado, titubeando, me dijo que le disculpara, no cuenta con una guía de calles. Tragué saliva amarga, bueno, estos son los policías de hoy,.. ¡Qué gendarmería!. Qué pasa si me hubiese topado con un “tira” (PIP), los policías de antaño, éste quizás hubiese sacado su “libreta de apuntes” (antecesora de una PC), con anotaciones de personajes ilustres y de desalmados, donde residen o de la ubicación de lugares con trascendencia; por seguro tendría gratificante complacencia. Bueno, a mal tiempo buena cara, me dije. Volteé en la siguiente esquina, tal vez cambiando de dirección, cambie mi suerte; a pocos metros de llegar a la otra esquina, una madura mujer de pelo cano, observaba hacia la calle, muy cómoda al pie del umbral de su casa. Aquí está el boleto de la suerte, pensé; al hacerle la pregunta, sobre el lugar donde quería llegar; con agraciada dulzura replicó, que volteando la esquina me dirán como llegar. Sorpresa, a la vuelta de la esquina, observé un llamativo cartel, apostado vertical a la pared, se leía: “Final Feliz”, me acerqué a la puerta, para preguntar y tener la certeza lo que anunciaba ese cartel, “Final Feliz”…una funeraria. ¿Habré salido esa mañana con el pie izquierdo?. Que importa, al final me di con mi gusto, llegué a mi clamada parada. Fue el premio que da el caminar seguro, sin presentimientos ni conjuros; sólo guiado por mi vocación aventurera y la fe a mis zapatos. Disfruté de la presa….ya servida en mi plato: El pintoresco barrio de San Lázaro, de pasajes y callecitas estrechas, de fachadas de sillar y apostados farolitos….justo espacio para disfrutar de mi estreches….. Lo que sigue, quedó como manjar en el alma. Amén.

Navegando.....




Las aguas de un río, vienen de algún lugar y estas van a la mar. Algunos ríos son navegables, así también el mar.


La vida es como los ríos y el mar. Discurre en el tiempo, vienen de algún lugar, y se van a otros. Se pasa de un tiempo a otro. Hay un pasado, el ayer; el presente, un hoy, y el futuro, el mañana. 

Un tiempo atrás. Llovía, en mi pueblo blanco. Las aguas discurrían por las calles, como si fuesen ríos. Por ellos navegaba un barquito de papel, sin nombre, sin patrón y sin bandera. Navegaba, aguas abajo. Las ondas de la corriente, eran como olas inmensas, para su pequeño casco de papel cuadriculado, y navegada hasta naufragar. 

Luego estas hazañas, recordé en sueños: Quise navegar, contra la corriente, como quien quiere regresar al pasado. Por más que se esforzó el barquito de papel, la corriente desacopló su cuerpo. El pasado es siniestro, queda varado, este no regresa. En el hubo de todo, dichas y desdichas. Nuestra experiencia. 

Se alistó otro barquito, de papel periódico, para navegar en el presente. Recorrió en la dirección de la corriente, colisionaba con cada obstáculo, con olas grandes, con el encuentro de otras aguas, en el cruce con otra calle. Así se deformó su débil cuerpo. Entonces me dije, que el presente, también es como este barquito. Comprendí, que en él, hay dudas, crisis, nostalgia; pero hay que persistir, hay que reparar, para no naufragar. 

Nuevamente construí otro barquito de papel, para navegar hacia el futuro. Embarcarme en el, con mi familia, mis amigos, con lo mejor que poseo. Para no perderlos jamás. Por más que se esforzó el barquito, fue inútil, no pudo llegar al mundo del futuro. Entonces, sucedió lo inesperado. Desde mi interior escuche una voz, que me decía: Por más que te esfuerces, no podrás llegar, de esa manera. El timón de tu barquito, está en tu corazón, en lo más íntimo de ti. Con el llegarás hoy, mañana es incierto








Caminos.....

Hay caminos solitarios,
pero no hay soledades, donde nadie se hace presente,
un bosque es música, cuando el hombre está ausente,
el arroyo corre calmo, sin irrupciones que la agiten,
un cervatillo pasta y un león reposa.
Una vez el hombre estuvo en el paraíso,
qué historia…..qué desperdicio.
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Camina,
Siente las piedras bajos tus pies,
la sombra que te da el follaje,
el aire fresco, con olor a musgo.
Mirarás el horizonte con alivio
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Siéntate a la sombra de un viejo árbol
no sólo encontrarás sosiego:
el musgo cubre su corteza hendida,
el polvo ha muerto, en su parte podrida.
más arriba esta la cicatriz del golpe de una hacha
y a sus pies unas sepas le han crecido,
a pesar de estar viejo, nuevas hojas le han salido.
Sueña al aire libre y en la clorofila,
hasta que te despierte el ruido de una sierra.
Habrás nacido de sus entrañas?
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Dieron doce campanadas, en el reloj de la iglesia,
no son sólo doce campanadas,
son doce sonidos equidistantes,
de otras doce distantes.
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Dime cómo caminas
y te diré con quién andas:
Si agudizas el horizonte,
sabrás quien viene.
Si atiendes tus costados,
tendrás compañía.
Si miras atrás con confianza,
sabrás quien te sigue.
No estás solo